Indudablemente, entre el atino y los errores construimos nuestra actividad docente. La enseñanza es una profesión ambivalente, la decisión es nuestra, es como la vida misma, es ser feliz, o infeliz es tomar la decisión, de aburrirnos o tocar el cielo con las manos.
Cada semestre nuevo es como el primer día de clases, se siente la emoción de ver caras nuevas, la expectativa de nuevos retos.
Pero mi primer día de clases fue realmente aterrador. Creo que si así fueran los demás ya estaría muerta. Al final del semestre ingrese al hospital por estrés. Pero poco a poco fui disfrutando, como dice el autor me gane la libertad de ser profesor, al sentir que mis clases agradaban a mis alumnos, empecé a gozar de esta actividad.
Perdiéndome entre ser alumno- maestro o ambos, aprendiendo mutuamente.
Pero cuando te encuentras con alumnos sin interés por aprender, se pierde el sentido y el encanto, cuando las respuestas no tienen razón, porque no existen las preguntas, entonces es el momento de retomar, y reevaluar el sentido de cada temas, abordarlo desde el final y cerrarlo con el inicio .Es un placer ser maestro.
sábado, 8 de mayo de 2010
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